DIÓGENES

CONTAR Y ESCUCHAR HISTORIAS

INTERLUDIO

por JOHN BARTH

¿Qué le viene a la mente cuando piensa en su país?

Como la mayoría de los demócratas liberales de los Estados Unidos, estoy alarmado y molesto con la actual administración presidencial de mi país, su unilateralismo de mano dura, su rechazo a los tratados internacionales de sentido progresista como los protocolos de Kyoto para reducir el calentamiento del planeta, la Corte Penal Internacional, los tratados contra las armas biológicas y las minas antipersonales, etcétera, así como su tendencia a limitar los derechos civiles en nombre de la seguridad, todo lo cual nos lleva de la democracia hacia la oligarquía. Sin embargo, quiero mucho más a los Estados Unidos de lo que los critico, y, en el futuro, tengo la esperanza de poder sentirme orgulloso del país como lo estuve en el pasado.

Entre las teorías filosóficas, los descubrimientos científicos o las creaciones artísticas ¿cuál le entusiasma más y cuál tiene para usted más futuro?

Dada mi formación, no sorprende que entre todos los productos notables de la imaginación humana, escoja la fascinación universal (superadora de las capas generacionales, las divisiones de clase y de culturas) que produce el hecho de contar y escuchar historias. Aparentemente, la conciencia humana evolucionó hasta convertirse en una máquina de fabricar guiones; con razón, se ha podido denominar al Uno nuestro centro de gravedad narrativa. Según el “neurofilósofo” Daniel Denett, somos las historias que nos contamos a nosotros mismos y a los demás sobre lo que somos. Mi musa Schéhérazade lo entendió muy bien: vivir es contar. ¡Vivan las historias!

¿Hay algún lugar específico del mundo al que usted se siente particularmente ligado?

Tidewater, Maryland, en la región de Chesapeake Bay, donde nací y crecí, y donde volví con mi mujer luego de décadas de vida y de trabajo en otros lugares. Éste sigue siendo el centro de mi universo personal y el escenario de buena parte de mi obra de ficción. Sin embargo, cada tanto lo dejamos para hacer agradables excursiones por otras partes del mundo.

¿Cuáles son sus sueños, esperanzas y temores con respecto a su país y al resto del mundo actual?

Mis temores con respecto a mi país y al mundo son los que cita todo el mundo: superpoblación, falta de recursos no renovables, destrucción del ambiente natural, distribución de la riqueza sin la más mínima equidad, escalada del terrorismo... Es de esperar una mayor cooperación internacional para combatir estos males, en la cual mi país debe ser un socio fuerte y activo, pero sin dominar a los débiles... pero es difícil no adscribir a la Visión Trágica. Si no conseguimos salvar nuestra Bahía de Chesapeake, profundamente deteriorada por la sobreexplotación y la contaminación ¿qué vamos a hacer con el resto del mundo? Sin embargo, cada uno pone lo mejor de sí, como responder a este tipo de cuestionario que viene de una organización tan admirable como la UNESCO. ¡Ojalá sea más poderosa!

John Barth
(Chestertown, Maryland, Estados Unidos)

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