DIÓGENES

LA DIVERSIDAD, NUESTRA MEJOR CARTA

INTERLUDIO

por GAY MCDOUGALL

¿Qué le viene a la mente cuando piensa en su país?

Cuando pienso en Norteamérica, pienso en una gran diversidad de tipos de pueblos, diferentes por los antecedentes, los orígenes nacionales, las razas, las religiones, las clases y los puntos de vista. Los Estados Unidos se constituyeron a partir de los descendientes de los esclavos africanos y de los inmigrantes africanos recientes, de los granjeros del Midwest, de los norteamericanos de origen asiático cuyas familias provienen de casi todas las naciones de Asia, de las familias judías de Europa del Este y de los amerindios que poseyeron nuestras tierras muchos siglos antes que todos los demás. No son más que algunas historias entre las que constituyen la rica diversidad de la sociedad norteamericana. Es que la diversidad es nuestra mejor carta.

Entre las teorías filosóficas, los descubrimientos científicos o las creaciones artísticas ¿cuál le entusiasma más y cuál tiene para usted más futuro?

Los conceptos de los derechos humanos y sobre todo el principio de igualdad entre los pueblos, son, al mismo tiempo, simples y aparentemente obvios, pero profundos. Es sorprendente comprobar la novedad de estos conceptos, que sólo se inscribieron en los documentos políticos oficiales a fines de los años ‘40, es decir, en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Se trata de ideales de transformación inherentes a las nociones de libertad, independencia y autodeterminación. Son ideales que inspiraron a los revolucionarios de todos los continentes a través de los siglos: hicieron tambalear a las sociedades, derribaron dictadores y pusieron fin a la opresión.

¿Hay algún lugar específico del mundo al que usted se siente particularmente ligada?

Como afroamericana, sentí durante toda mi vida el vínculo con África. Para muchos afroamericanos de mi edad y de mi época, África fue siempre el símbolo de nuestras historias familiares que la esclavitud robó y el símbolo de nuestras aspiraciones de libertad e igualdad. Las luchas en Sudáfrica por la liberación de la dominación colonial y el Apartheid, inspiraron particularmente a muchos miembros de mi generación.

Sin embargo, estoy ligada más estrechamente con los Estados del Sur de los Estados Unidos, donde mis antepasados más recientes encontraron los medios para sobrevivir a la esclavitud y a sus consecuencias, no menos brutales. Pese a todo, esta gente formó un pueblo consecuente, digno y compasivo. Estas son mis raíces.

¿Cuáles son sus sueños, esperanzas y temores, con respecto a su país y al resto del mundo?

Mi trabajo apunta a construir un mundo en el que cada persona tenga todo lo necesario para vivir una vida completamente digna, sin privaciones en cuanto a las necesidades humanas fundamentales para sí misma o para su propia familia. Tengo esperanzas de que se pueda convencer a la comunidad mundial de que con una voluntad política justa podemos eliminar la pobreza. Sueño con un mundo sin desesperación o temor por la seguridad personal; un mundo donde las naciones y los pueblos tengan oportunidades y fuerzas iguales en el accionar tendiente a hacer de éste un mundo mejor.

Gay McDougall
(International Human Rights Law Group, Washington)

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